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lunes, 28 de febrero de 2011

ILEGALIZAR LAS INJUSTICIAS, NO LEGALIZARLAS

Pronto celebraremos el 8 de marzo, día para continuar nuestras reinvidicaciones, y todas sabemos que aún nos quedan muchas cosas por las que pelear. Hoy he decidido postear un artículo que publiqué en el 2003. Aunque hayan pasado algunos años desde su publicación la situación legal del ejercicio de la prostitución aún no ha variado. Y tenemos que seguir denunciando que cuando hablamos de prostitución, no nos referimos a esa frase tan trillada de que "es la profesión más antigua del mundo". ¡NO!.
¡Es la explotación más antigua de la historia!


ILEGALIZAR LAS INJUSTICIAS, NO LEGALIZARLAS
EL ESTATUS LEGAL DE LA PROSTITUCIÓN EN LA COMUNIDAD EUROPEA 

Hace mucho tiempo que se viene debatiendo si la prostitución debería ser criminalizada o no. El debate entre aquellas personas que exigen la abolición y las otras que demandan su regularización es todavía actual. En este pequeño resumen de la situación legal de la prostitución en la Comunidad Europea, me propongo investigar las leyes que en la actualidad están en vigor en cuanto a este tema.

Como bien sabemos, la industria del sexo, al igual que la de las armas de destrucción y la de las drogas, rinden grandes beneficios. Beneficios para terceros y no para las pobres mujeres que se encuentran prostituidas en todo el mundo. En una sociedad patriarcal, los que se llevan las ganancias y controlan los mercados, no son las mujeres, son indiscutiblemente los hombres. No es sorprendente entonces, dado que la gran mayoría de los gobiernos del mundo están en manos de los hombres, que las leyes de la mayoría de los países hayan optado por regular esta forma de esclavitud en vez de declararla ilegal. En una era en que se lucha por erradicar el cáncer de la violencia perpetrada por el sexo masculino en contra del sexo femenino, en que se habla de derechos humanos, en que se declara una lucha abierta en contra del terrorismo, la gran mayoría de los gobiernos siguen sin ilegalizar una práctica que explota, abusa y humilla a la mitad de la población. Porque el ejercicio de la prostitución no sólo degrada a quienes la practican, nos degrada a todas como mujeres ya que representa y arraiga el profundo odio que la mayoría de los hombres sienten hacia nosotras.

La Comunidad Europea

En Europa la tendencia ha sido la regularización y en la mayoría de los casos la prostitución no está penada por la ley, aunque su ejercicio callejero sí. En varios países se prohíbe el proxenetismo y el tráfico, y en algunos casos los burdeles también están prohibidos así como la publicidad en los medios de comunicación. Pero a pesar de estas leyes la realidad es muy diferente, sólo nos basta con mirar hacia nuestro alrededor. En España el ejercicio de la prostitución es legal, aunque el proxenetismo no lo es. Para cualquier persona en Madrid es fácil ver  a los chulos vigilando a “sus mujeres” en la céntrica calle de Montera o en la Plaza Benavente, o sólo nos basta por viajar por las carreteras que están plagadas de estas cárceles del siglo XXI en que sabemos se encuentran mujeres inmigrantes forzadas a ejercer la prostitución. Según la ley los burdeles son ilegales desde 1956, pero otra vez, los capitalistas del sexo han creado otros espacios para burlar la ley, bajo los nombres de “clubes” o “Barras americanas”, y para el colmo de los colmos hasta se han constituido en una asociación de empresarios.

La situación en Italia es muy parecida a la de España, es legal siempre y cuando no se practique en la calle ni en burdeles, los cuales fueron ilegalizados en 1958. Según las estadísticas, un 75-80% de las mujeres que han sido traficadas para la prostitución trabajan en la calle, y de éstas, un tercio proviene de Albania. De una población de 58 millones se estima que hay 60.000 mujeres que ejercen la prostitución y de éstas, 40.000 son inmigrantes.
En Grecia es legal y las prostitutas deben estar regularizadas y deben hacerse chequeos médicos dos veces por semana. Sin embargo, la mayoría de las prostitutas no están inscritas en el registro y por lo tanto no tienen derecho a los chequeos médicos. Según la Asociación Doctors for Life, en Atenas hay 400 prostitutas inscritas y más de 5.000 que no lo están. Además existe el gran problema de las mujeres que son víctimas del tráfico de personas. Según un informe presentando ante la ONU por Grecia en 1996, existen agencias que “importan” mujeres del extranjero, principalmente de la ex Unión Soviética, bajo el pretexto de que son artistas, lo cual impide que la policía intervenga. Estas mujeres consiguen un visado de seis meses que les permite trabajar en bares y hoteles. De una población de 11 millones de habitantes, se estima que existen entre 10 y 15.000 prostitutas, de las cuales unas 6 a 10.000 son inmigrantes.

Recientemente Grecia dio un paso más en su regularización y ha anunciado un plan que exigirá que las prostitutas se jubilen a los 55 años con derecho a recibir beneficios sociales y médicos.

Con la unificación de las dos Alemanias la prostitución es ahora legal aunque no tiene el status de una profesión regular. Las prostitutas deben pagar impuestos sobre sus ganancias, y los “Centros Eros” - hoteles autorizados por el Estado para la prostitución - representan grandes ingresos ya que pagan tasas muy altas. Al igual que en Grecia, se supone que deben estar inscritas en un registro y deben hacerse chequeos médicos pero según las estadísticas, hay unas 50.000 mujeres inscritas y otras 150.000 que no lo están y que no tienen acceso a los servicios médicos. En Alemania también es ilegal el proxenetismo y el tráfico de personas para la prostitución y lleva condenas de entre seis a diez años de prisión. Según datos del Informe del Parlamento Europeo del año 2000, a pesar de que en Berlín existen muchos burdeles, clubes, saunas y salas de masaje, que son propiedad de ciudadanos alemanes la mayoría están bajo el control financiero de grupos de crimen organizado de Turquía y la ex Yugoslavia. Se cree que más del 75% de las prostitutas en Alemania son inmigrantes, entre un 60 y un 80% de las mujeres que caen víctimas del tráfico de personas son del Este de Europa, Rusia o los Estados Independientes. De una población de 80 millones de personas, se estima que hay unas 300.000 mujeres prostituidas.

El código Penal de Holanda no criminaliza la prostitución y desde 1988 es oficialmente legal. Desde 1996 las mujeres prostituidas deben pagar impuestos y desde 1999 la prostitución es considerada una profesión. Al contrario que otros países, las mujeres en la prostitución no están obligadas a inscribirse en un registro ni se ven obligadas a hacerse chequeos médicos. El proxenetismo es ilegal. En el año 2000 el Parlamento presentó un plan para legalizar los prostíbulos y los clubes del sexo. Según este plan, los dueños de los burdeles no podrán tener un record criminal para poder acceder a una licencia. No podrán emplear a menores ni a mujeres que no posean un permiso de residencia legal. Algunas ciudades ya han introducido un sistema de licencias.

Las ciudades pueden regular la prostitución y en la práctica a menudo limitan la prostitución callejera a ciertas partes de la ciudad. Las mujeres trabajan en “burdeles vitrina”, en las calles y en los clubes. En las zonas rurales existen las llamadas “Granjas del sexo”. De una población de 16 millones de personas, se estima que unas 25.000  mujeres se dedican a la prostitución. De éstas un 45% trabaja en clubes, un 20% trabaja en “los escaparates”, 15% para agencias, 5% ejercen en la calle y otro 5% desde casa. El resto trabaja en bares o salas de masaje.

En Portugal no existe ninguna ley específica en cuanto a la prostitución aunque el tráfico de mujeres sí está penalizado con una condena de dos a ocho años de cárcel. A pesar de esto se sabe que la mitad de las mujeres en la prostitución son inmigrantes del Este de Europa y Rusia. En 1999 se desmanteló una red que “importaba” mujeres de 17 países del este de Europa, de Rusia, Estonia y Ukrania. La banda tenía su sede en Luxemburgo, otro país que tampoco penaliza la prostitución. Se supone que el tráfico puede ser castigado con “penas severas” pero hasta el día de hoy no ha habido juicios. Los traficantes a menudo consiguen permisos de residencia para “artistas” y de este modo introducen al país a mujeres de otras naciones que luego son trasladadas a otros puntos de Europa. Según estudios el 60% de las mujeres que trabajan en los cabarets proceden del Este de Europa.

En Finlandia la prostitución tampoco ha sido regulada ni declarada ilegal, aunque el proxenetismo y la promoción de la prostitución sí están prohibidas. Hasta los noventas la prostitución no era común en Finlandia pero desde entonces se ha generalizado. En 1999, cuando Suecia adoptó su nueva ley que criminalizaba a los compradores del sexo, el Parlamento finlandés debatió  si seguir el modelo sueco pero la propuesta de ley fue rechazada por el parlamento. Al igual que en otros países nórdicos, existen informes que denuncian un aumento en el número de mujeres de Estonia y Rusia que entran en el país con visados de turistas para ejercer la prostitución. En el año 2000 existían  13 clubes del sexo comparado con 1 en 1998, lo cual prueba una vez más que la legalización sólo aumenta la práctica y no ayuda a erradicarla.

En Dinamarca es legal desde 1999. Es ilegal comprar sexo de alguien menor de 18 años y según la ley danesa, el ejercicio de la prostitución es legal siempre y cuando la persona “no se gane la vida con eso”, es decir la persona debe tener otros ingresos y no vivir sólo de la prostitución. De una población de 5.2 millones de personas, se estima que hay unas 6.000 mujeres prostituidas, de las cuales 2000 son inmigrantes.

En Austria es legal pero no en todos los Estados. Además de pagar impuestos, las prostitutas deben inscribirse en un registro local y deben tener una tarjeta de identidad que les permite y obliga a hacerse chequeos médicos dos veces por semana. Por supuesto que esto no significa que todas estén inscritas en el registro, sobre todo las mujeres del Este de Europa que entran en Austria como turistas o que son “importadas” por las mafias del tráfico de personas. Desde 1998 las prostitutas extranjeras que denuncien y testifiquen en contra de sus proxenetas pueden obtener permisos de residencia. De una población de 8 millones de habitantes, se cree que existen unas 17.500 prostitutas.

En Bélgica, la ley de 1995 penaliza el tráfico de personas, la pornografía infantil y el abuso sexual de menores pero no existe una ley que claramente penalice la prostitución de mujeres adultas. La práctica parece variar según cada ciudad. Hasta los años cincuenta existía una política  de prostitución que exigía la inscripción en un registro y chequeos médicos pero fue abolida, aunque en la actualidad hay ciudades que han vuelto a implementar esta práctica de manera no oficial.

En Francia y en Inglaterra la prostitución es legal aunque se penaliza la prostitución callejera y los burdeles. En ambos países las mayoría de las mujeres que se ven obligadas a prostituirse en los burdeles, disfrazados de clubes o salas de masajes, son en su mayoría extranjeras. En Inglaterra es legal proveer servicios sexuales dentro de los límites de una casa o apartamento siempre y cuando sólo sea una persona. Si hay más mujeres que prestan los servicios el lugar es clasificado como un burdel y es penalizado. En Francia, al igual que en Inglaterra la prostitución callejera es ilegal pero la realidad es otra. En París existe una organización llamada “Les amis du Bus des Femmes” que ofrece apoyo legal y moral a las mujeres de la calle. Esta organización no gubernamental denuncia que desde 1997 ha aumentado el tráfico de mujeres procedentes de países como Albania, Rusia, Kosovo y África. Estas mujeres constituyen un 75% de las prostitutas que trabajan la calle. Una de sus fundadoras, una ex prostituta, France Arnold, denuncia que en las calles de París trabajan mujeres casi ciegas, sordas y mudas que han sido secuestradas de instituciones en el Este de Europa.

Es triste ver que en toda la Europa civilizada sólo hay dos países que prohíben esta vil forma de esclavitud y violencia sexual: Suecia e Irlanda.
En  Irlanda la prostitución es ilegal aunque su legislación se centra más en los organizadores del turismo sexual y la prostitución de menores que ha tenido un auge alarmante en los últimos años. Según el gobierno el tráfico de mujeres no constituye un problema grave en Irlanda, pero según varias Ongs la realidad es otra. Existen mujeres que han sido víctimas del tráfico de personas y que suelen trabajar en “agencias” que anuncian libremente en la prensa local y nacional.

El ejemplo más alentador para las mujeres que luchamos por la abolición de esta práctica es el de Suecia, que en 1999 introdujo una legislación que por primera vez en la historia criminaliza a los “clientes”. En Suecia no se penaliza la venta del sexo sino su compra la cual puede conllevar una multa de entre 1.000 y 2.000 euros o una cadena de seis meses. En Suecia el proxenetismo, los burdeles y los espectáculos de sexo en vivo son ilegales. Suecia es el único país que se ha tomado el problema en serio ya que en 1995 formó una comisión para investigar el daño que la prostitución provocaba en la sociedad. Según la Asociación Doctores por la Vida, los mayores problemas que la investigación descubrió eran los siguientes:
  1. Daño a la mujer. Las prostitutas a menudo tenían vidas miserables, pobreza y abuso sexual. La prostitución era un extensión de ese abuso – psicológico, drogas, asaltos y enfermedades venéreas – para la mujer traumatizada. El síndrome del estrés, la depresión y los intentos de suicidios son mucho más frecuentes en las prostitutas.
  2. Daño a los hombres. La prostitución le proporciona un alivio sexual al hombre, sin la necesidad de proximidad, relación o exigencias. Muchos hombres que usan los servicios de las prostitutas son incapaces de establecer relaciones satisfactorias y se beneficiarían de un tratamiento adecuado.
  3. Daño a la familia /sociedad. La familias son la base de la sociedad y la prostitución daña a las familias, las esposas y los hijos. Las enfermedades venéreas son llevadas a casa. El dinero y el tiempo que se gasta en prostitutas debería ser dinero destinado a la familia.
  4. Derechos humanos. La prostitución implica en su mayoría que las mujeres son utilizadas por los hombres. La prostitución es inaceptable ya que da una imagen de que los seres humanos pueden ser usados, comprados y vendidos como productos de consumo.
  5. La prostitución infantil aumenta donde la prostitución adulta es legal.
  6. La criminalización impide que las mujeres entren en esta práctica al igual que a los clientes.
Suecia es el único país que ha demostrado tener un interés real en disminuir esta lacra social y su ley está claramente dirigida a penalizar a los consumidores del sexo, no a sus víctimas que lo venden. Suecia ha sido el único país en reconocer que la prostituta es la víctima de este ejercicio y no su beneficiada y el único país en considerar la prostitución como violencia en contra de la mujer.

Es realmente escalofriante que a comienzos de este siglo XXI, cuando se habla de nuevas tecnologías y de progreso aún se sigan legalizando las injusticias con la vana excusa de que es un mal necesario. ¿Cuántos siglos más habrán de pasar hasta que esta forma de esclavitud sea criminalizada? Los gobiernos no pueden seguir siendo cómplices de los proxenetas que simulan combatir, enriqueciendo sus arcas a costa de los cuerpos de las mujeres, no pueden seguir aparentando combatir la violencia de género ni pretender luchar por la igualdad de sus ciudadanos y ciudadanas cuanto esta forma tan clara de violencia sexual sigue siendo permitida con el beneplácito de sus legisladores y votantes. ¿Acaso el progreso del que tanto alardea Europa moderna no debería estar en ilegalizar las injusticias y no en legalizarlas?

Autora: Silvia Cuevas-Morales
Fuente: Artículo publicado en la revista Poder y Libertad, Nº 34, Monográfico sobre prostitución, 2003.

lunes, 27 de diciembre de 2010

PATIO DE ATRÁS DEL SEXO - MAGDALENA GONZÁLEZ

Se acaba otro año, un año que nos ha traído algunas buenas noticias, como el triunfo de la Plataforma Stop Supresión, que durante meses recogió firmas para que no cerraran el Instituto de La Mujer de Castilla-La mancha, y que gracias a su tesón logró su objetivo. Y otras no tan buenas, como eliminación del Ministerio de Igualdad.

Como bien sabemos quienes nos interesamos por el tema de la violencia machista, acabamos el año con una alarmante cifra de muertes femeninas que deben seguir impulsándonos a denunciar y luchar contra esta lacra. Tenemos que seguir trabajando para que los gobiernos y la sociedad en general se enteren de una vez que es un problema muy grave y que todos y todas debemos unir nuestras fuerzas para apoyar a las víctimas, para denunciar a los maltratadores y exigir duras penas para los asesinos, para demandar leyes y medidas eficaces, y para educar a la juventud en la igualdad. Debemos seguir denunciando el tráfico de mujeres y las diversas formas de violencia que nos golpean a diario, ya sea en Europa o en cualquier lugar del mundo. Dicen que la unión hace la fuerza y creo que juntas y juntos podemos convertir este mundo en un sitio más agradable para todos y todas.

Con esta lucha en mente quiero despedir el año con un artículo de la investigadora y psicóloga argentina, que nos dejó repentinamente a mediados de este año, la compañera Magdalena González, de la campaña “Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución”. En su momento publiqué una breve reseña de su obra y vida en Kaos en la Red, que pueden leer pinchando en este enlace: En homenaje a Magdalena-González y a continuación les dejo un excelente artículo que Magdalena publicó en el periódico Página 12 de Argentina.

Patio de atrás del sexo

Una vez fundada Roma, Rómulo convoca a gente de otras comarcas para poblarla. En su mayoría concurren delincuentes, buscando mejores oportunidades que las que tienen en sus pueblos. No asisten mujeres. Entonces, los romanos convocan a los pueblos vecinos a una gran fiesta, pero estos vecinos, advertidos de la peligrosidad de los romanos, no aceptan la invitación. Sólo los sabinos, gente trabajadora y guerrera, llegan al festejo. Según un plan preconcebido de apropiación, en determinado momento los romanos se lanzan sobre las mujeres jóvenes y las secuestran. Tiempo después los sabinos, habiendo preparado su ejército, vuelven para rescatarlas. Pero ya las jóvenes estaban embarazadas o habían parido hijos y “quedarían unidas con ellos por el vínculo más dulce que pueda enlazar a los seres humanos, el de la maternidad. Debían por consiguiente moderar su rencor y dar sus corazones a aquellos a quienes la suerte había hecho dueños de sus personas” (Tito Livio, Historia de Roma, Madrid, ed. Spes).

“Los mitos cumplen una doble función en la cultura, el intento de respuesta a los enigmas que nos presenta la vida y el ocultamiento de la violencia para la justificación de algún sistema social” (New Larousse Encyclopedy of Mithology, Hamlin, Londres): es necesario no perder de vista ni la riqueza de la ficción alegórica ni la justificación y el ocultamiento de los sistemas opresivos que portan los mitos, por ejemplo el mito del Rapto de las Sabinas sobre la fundación de Roma. Su argumento refuerza a las mujeres en un lugar que aún ocupan: el de tolerar la violencia de la apropiación indebida; reforzar la unión hombre-mujer sin objeción posible de parte de ella en función de un rol que debe estar por encima de todo: la maternidad.

Este modelo de abuso, de violencia, de apropiación y de engaño es el que sostiene la explotación sexual a lo largo de la historia.

Es sólo un ejemplo de los mitos patriarcales que impregnan nuestra cultura, manipulando las mentes de los sujetos para lograr apropiarse de las riquezas de los pueblos y los cuerpos de las mujeres, que operan como mercancía: un bien más. Esto nos introduce en el tema de las mujeres como preciado botín para satisfacer a ese tipo de cultura. Según Marx, no entran ni siquiera como valor de cambio, sino de uso.

Esta característica de uso se conecta con la apropiación de las mujeres en general y, en el extremo de este continuo, prostituirlas.

Hay factores que son clave para la existencia de la prostitución:

- El sistema patriarcal productor y reproductor de la opresión, esclavización y muerte de mujeres, y básicamente de las mujeres a quienes prostituye.

- La demanda del prostituidor cliente, que determina la existencia de la prostitución.

- El imaginario social prostituidor.

- Las crisis económicas.

- El capitalismo en su fase neoliberal, como productor de esclavitud.

- El prostituidor reclutador, personaje clave para destruir la resistencia de las mujeres con el objeto de ingresarlas a la prostitución, llegando incluso al secuestro. Estos personajes, mediante extraordinarias maniobras manipulatorias que, como dice Masud Kahns refiriéndose a los sujetos perversos (Alienación en las perversiones, ed. Nueva Visión, 1987), exigen y consiguen de sus víctimas “la suspensión de la discriminación y la resistencia, en todos los niveles de la culpa, la vergüenza y la separación”.

- La globalización que propicia las redes internacionales de tráfico, produciendo el brutal incremento del secuestro, tráfico y muerte de jóvenes, niñas y niños.

- Los medios de comunicación masiva, que inducen y ofrecen modelos sexuales prostituidores, actuando sobre el imaginario social y favoreciendo la dominación proxeneta. Así se consolida la opinión pública afín a la prostitución, y se genera también su expansión, produciendo en este caso una réplica masiva de lo que hacen los proxenetas, en lo individual, para socavar la resistencia de las mujeres que prostituyen.

- El tráfico de mujeres avalado por los Estados y el sistema patriarcal-neoliberal favorecido por la globalización pretenden hacer pasar la explotación sexual como si fuera trabajo, buscando legalizar el poder obtenido mediante la violencia y el secuestro, y así incrementar aún más sus ganancias.

- La participación de sectores de los gobiernos vinculados a las redes de tráfico de mujeres que, a su vez, se relacionan con los demás tráficos (drogas, armas, etcétera).

El imaginario social prostituidor es una muestra de lo instituido. Veremos cómo la mujer está colocada en el lugar del goce del otro, no en el lugar del deseo del otro, en algunos comentarios de un grupo de hombres entre 26 y 36 años, en el curso de una investigación de imaginario social realizada con técnica de grupos motivacionales.

“Un cliente se transforma en un cliente porque paga. Está haciendo una transacción comercial.” Cuando una persona está cometiendo abuso de otra, el pago por el abuso no lo transforma en acto comercial; es un acto que priva a la otra persona de su lugar de sujeto, por lo tanto de sus derechos humanos. El pago, así, es un acto de perversión: no se pueden comprar personas.

“La mujer de uno no puede hacer cosas que la prostituta puede hacer.” La mujer en situación de prostitución tampoco puede “hacer cosas” sin sufrir daño, agravado en el caso de ella por la frecuencia y por la diversidad de prácticas perniciosas que se le exige que cumpla.

“Hay cosas que moralmente no se hacen con una persona querida, pero que con una prostituta ni lo pensás porque está para eso, no lo vas a hacer con la madre de tus hijos.”
Aquí encontramos dos aspectos disociados en la cultura patriarcal y en el individuo: la sexualidad cosificadora y el amor; el primero, depositado en la mujer prostituida, y el segundo en la mujer-madre. Además, se trata de una doble moral. Lo que él considera inmoral de sí mismo se lo impone a la mujer prostituida, obligándola porque le paga, y deposita en ella su propia inmoralidad. Lo que para estos varones no es “moral” con la persona querida es su sexualidad de dominio: con la mujer a la que prostituyen, esa “inmoralidad” queda negada.

“Yo no creo que la prostitución sea un mal. Es un mal que se lo haga público, porque puede afectar a tu familia. ¡Si vos tenés una hija y ve por la tele que se gana tanta plata haciéndolo! Y no se ve que se las atormente todo el año.” Este varón entiende que sería un mal si una hija de él cayera en esto, pero no considera que sea un mal para las que no son cercanas a él. Tiene conocimiento de la realidad: sabe que ganan plata; también sabe, pero en forma sepa-rada, que es “un tormento”. Con esa disociación justifica la acción del prostituidor y el sistema proxeneta.

“El hombre puede recurrir a la prostituta por necesidad sexual o porque le gusta. ¿Sabés por qué? Por la fantasía que uno tiene, tal vez tu novia no te hace ciertas cosas. Y vos sabés que a la otra mina le decís ‘Hacé esto’ y lo hace, porque vos le estás pagando. No te van a decir: ‘No, yo no lo hago’. Y es una fantasía que el tipo quiere que se le cumpla. Mis amigos fueron todos porque dicen que son tremendas. Bah, tremendas en el sentido de que hay morochas muy lindas. Las brasileñas son muy lindas, y las venezolanas.” Cuando este hombre expresa “‘Hacé esto’, ella lo hace porque le estás pagando”. El imaginario social prostituidor es una muestra de lo instituido. Veremos cómo la mujer está colocada en el lugar del goce del otro, no en el lugar del deseo del otro, es lo “tremendo” de sus fantasías pero, sobre todo, lo excita saber que ella está obligada a realizarlas: otra vez vemos la sexualización de la inermidad y del ejercicio del poder. Pero él no lo reconoce en sí mismo. Lo “tremendo” es desplazado y depositado en ella. Él mismo hace un intento de rectificación poniendo el énfasis en la belleza cuando dice: “Bah, tremendas... son muy
lindas”.

“Ahora que las mujeres se liberaron, uno no tiene necesidad de ir y pagar. Te ahorrás el costo.” Este joven ironiza sobre el rol de la joven que se avenga a mantener relaciones sexuales, y en general sobre la liberación sexual de las mujeres: es mal visto que ellas elijan libremente acerca de su comportamiento sexual, porque de esa manera ellos pierden el control, y muchos hombres no toleran esa pérdida, pues no accedieron a una independencia interna tal que les permita relaciones de paridad y confianza. Nuevamente vemos cómo se equipara a las mujeres liberadas del control masculino con “putas”, que en este caso no les cobran. La libertad sexual de las mujeres es entendida e implementada por estos varones como la ventaja que ellos tienen ahora para acceder a relaciones sexuales; las consideran aptas para actos sexuales casuales, con la connotación de desechables. Es otra instancia de control y dominio.

No obstante, el prostituidor-”cliente” puede necesitar a alguien que lo mire en su acto: exige un ser humano, él sabe que ella no es una cosa, pero su goce consiste precisamente en rebajarla a una condición de uso: la trata como objeto, pero espera y exige que ella, como persona, ponga la mente y el cuerpo a su servicio. Necesita de la sensibilidad de ella para satisfacer su goce, es decir, su destructividad; y la necesita, además, como testigo de su acto. Trata a las personas, sabiendo que son personas, como si no lo fueran; denigra a la mujer en tanto ella realiza actos humillantes: ese acto denigratorio, el acto de destruirla como sujeto, le produce placer.

A veces buscan mujeres por su belleza o por su educación. Estos casos evidencian que valoran a la mujer como botín: lo que ellas representan. El nexo es emblemático: él, si “la tiene”, participa ilusoriamente de las características de ella.

Este lugar desde el cual se puede acceder a la degradación del otro produce la degradación del varón en cuestión como sujeto mismo (S. Freud: “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa”). Por eso la existencia de la prostitución y, en este momento, su expansión, tienen graves efectos en la cultura y la sociedad.

Es necesario advertir sobre las consecuencias que tienen estos comportamientos en las mujeres prostituidas (ver Magdalena González, “La otra tortura”, Página/12, sección “Psicología”, junio de 2005 Pincha aquí si quieres leer "La otra tortura"  ). En muchos casos, estas consecuencias son comparables a las de las personas que han sufrido tortura física y psíquica, llegando al suicidio; también, a ser víctimas de asesinato por parte de los proxenetas y prostituidores-”clientes”.

Además de los casos de prostituidores-”clientes” que, en formas difíciles de imaginar, torturan a mujeres en situación de prostitución, en todos los casos se da el proceso de desubjetivización, lo que dos mujeres en prostitución describen así: “Los clientes a veces te tratan bien, pero siempre te dan a entender que vos sos lo que sos, nunca vas a ser otra cosa”; “Te sentís basura, ellos te dejan su mierda adentro”. Esto es considerado por Jacques Lacan el peor lugar: ser objeto del goce del otro. Las mujeres sometidas a la situación de prostitución estarían, no en el lugar de objeto de deseo, sino en el lugar de
objeto de goce sádico.

El o la proxeneta han manipulado a la joven reclutada para que ilusione estar en el lugar de “la piola”, mientras ocupa el lugar de resto para ellos, para los clientes y para la mayor parte de la sociedad. Ellas viven esa dualidad mediante un proceso de renegación, intentando sostener la ilusión, pero cuando logran integrarse y de-silusionarse, lo expresan así: “Las gilas somos nosotras”.

Se viene incrementado la exigencia de los prostituidores-"clientes" a los proxenetas: así, pueden requerir mujeres cada vez menores, hasta niñas y niños pequeños. La falta de límites ha ido más allá del horror: hay varones que solicitan y obtienen bebés para abusarlos sexualmente. En estos casos está bien claro que lo que cuenta es, antes que una atracción sexual hacia los niños como tales, el goce de la inermidad, la inocencia, el sufrimiento del sujeto, el poder ejercido sobre criaturas victimizadas que ni siquiera saben qué está sucediendo.

Dice una mujer en prostitución (Integrante de Ammar, Asociación Argentina de Mujeres Meretrices Argentinas): “No hay diferencia entre la prostituta de lujo y las de la calle: los golpes son los mismos golpes, las quemaduras son las mismas quemaduras”. Y otra mujer, prostituida en el más alto nivel social y económico, dice: “En esto, límites no hay”.

Se trata de la exploración perversa, sin límites, del otro (contando con la impunidad conferida), y el deseo de dañar, de herir, de vejar la inocencia. No existe, en tal falta de límites, sino la comprobación de un poder. No hay ley psíquica y no hay peligro desde la ley social: la sociedad no la procesa esta destrucción, la reproduce, y la depredación de los más débiles no tiene freno.

En el interjuego permanente entre la sociedad y el individuo, la prostitución, como las guerras, puede verse como una forma social de la pulsión de muerte. Y podemos preguntarnos, desde la teoría freudiana: ¿es la prostitución una forma degradada de la pulsión de muerte? ¿Es el “patio de atrás” de la sexualidad?

En el mundo, anualmente, alrededor de cuatro millones de mujeres y niñas son ingresadas a la prostitución. En la Argentina, cientos de ellas son secuestradas y desaparecidas por las redes de proxenetas, y muchas han sido y están siendo asesinadas. Como expresaron los jueces del Juicio de Nuremberg sobre los crímenes de lesa humanidad, no se trata de problemas individuales, sino de un sistema que los produce.

Autora:  Magdalena González - Psicóloga e Investigadora Feminista
Fuente: Página 12, publicado el 5 de julio de 2009