martes, 21 de junio de 2011

LA VIOLACIÓN EN PRIMERA PERSONA - CLAUDINE SIMMONS

Foto Archivo Vindicación Feminista

Hace casi un mes que no he actualizado este blog por razones personales, pero hoy vuelvo con un nuevo texto para concienciar y seguir luchando contra la violencia machista. A pesar del ataque constante que muchas de nosotras recibimos por parte de algunos sectores de la sociedad, no cejaremos en nuestra lucha. Mi última entrada, que gracias a algunas amigas fue difundida por Facebook, recibió algunos comentarios insultantes y rabiosos de algunos hombres que se esconden en el anonimato para insultarnos. En este blog también he recibido algunos comentarios que por supuesto no he reproducido pero es curioso que el hombrecito que dejó uno de ellos (faltas de ortografía incluidas), se quejaba de que poníamos a todos los hombres en el mismo saco al poner el título de violencia patriarcal, y se preguntaba quejoso ¿por qué no poner simplemente violencia? La evidencia se encuentra en este blog y en todos los espacios feministas que por fortuna abundan en internet. Porque la violencia no es violencia a secas, tiene nombre y apellido cuando las mujeres suelen ser las víctimas y los hombres los verdugos. Por supuesto que no todos los hombres son asesinos y violadores, la prueba está en aquellos grupos de hombres y hombres a nivel individual que también sueñan con una sociedad mejor. Pero las pruebas están allí para quien quiera encontrarlas y admitirlas para intentar ser mejor persona. Las estadísticas no mienten, alrededor del mundo cada año mueren miles de mujeres asesinadas por sus esposos o compañeros sentimentales, cada año millones de mujeres son explotadas en la industria del sexo y los “clientes” que usan y abusan del cuerpo de mujeres, niños y niñas y personas transexuales, suelen ser del sexo masculino; en Bangla Desh y en la India a las mujeres se las quema con ácido, cada minuto una mujer es violada en algún lugar del planeta, y un largo y penoso etcétera.

Hoy he decidido reproducir un testimonio de las consecuencias de una violación, escrito por Claudine Simmons, estudiante afroamericana del York College de Nueva York. Este artículo lleva una breve introducción de la profesora Gloria Waldman y fue traducido en su día por Elisa Sierra Gutiérrez. Escrito en 1984 y más tarde publicado en la revista Poder y Libertad nº 6. Año 1985, reeditado por Elvira Siurana para este blog.

LA VIOLACIÓN. En primera persona

Introducción de Gloria Waldman

Desde 1976 imparto un curso sobre "Mujer: Mito y Realidad" en el York College de Nueva York, con otras colegas doctoras en historia, literatura, antropología y psicología. Ha sido el curso que más ha aportado a mi desarrollo intelectual y emocional. Encontré que el Movimiento Feminista era mi causa primordial a través del curso. Reforcé mi activismo personal y político. Conocí de una forma nueva, más íntima y vulnerable a mis colegas al diseñar juntas el curso.
Hemos visto divorcios, abortos, rupturas de compromisos, dolorosas tomas de conciencia, y claro está, renacimientos personales, semestre tras semestre. Hemos reído y llorado, nosotras cuatro, amigas y colegas, al leer las monografías de nuestro estudiantes. Son hombres y mujeres, la mayoría mujeres negras e hispanas, mitad jóvenes, mitad adultas, madres y divorciadas.
Y ahora presento esta conmovedora exposición de nuestra alumna Claudine donde se revela al lector mientras se enfrenta a sí misma. Escribí comentarios en los márgenes de su monografía, como solemos hacer las profesoras. "Yo también estoy muy trastornada por las experiencias que describes y a la vez conmovida por tu valor y el profundo auto-conocimiento que demuestras. Debió ser enormemente difícil compartir estas reflexiones; más aún, investigar el tema de la violación, como lo has hecho, es otro indicio de tu firme aprecio por ti misma".
Como dice Claudine en su ensayo, había borrado de la conciencia su propia violación. Sin embargo, de una manera inexplicable para ella, escogió el tema de la violación para cumplir con uno de los trabajos escritos del curso. Decidió examinar de una manera académica y objetiva el fenómeno de la violación y a la vez enfrentar el asco y la vergüenza de su propia experiencia.
El resultado me conmovió tanto que se lo leí a Lidia Falcón, la misma tarde en que salía de EEUU para España. Sugirió ella que se lo tradujera para publicar en "Poder y Libertad" y así  compartirlo con un mayor público. Primero pedí a Claudine que lo compartiera con sus compañeros de clase. Accedió. Lo leí en voz alta a la clase y todos lloramos. Ella dijo que por fin se sentía libre. Desde California la compañera Dra. Elisa Sierra Gutiérrez ofreció traducirlo.
Se completa el círculo. Las palabras y emociones de una estudiante, mujer negra, madre, cobran aliento y vida a través de los ojos y oídos de sus compañeras, todavía desconocidas, en España. Así sea.

LA VIOLACIÓN. En primera persona
Escrito en N.Y. abril 1984 por Claudine Simmons.

La palabra violación -rape en inglés- deriva del latín "rapere" que significa robar, agarrar, o llevar. Es la manera más antigua con la cual un hombre secuestró o robó a una esposa. En algunas tribus, constituía el matrimonio a la fuerza, puesto que un hombre tenía solamente que apoderarse de cualquier mujer que quería, violarla, y llevarla a su tribu. Es increíble que la violación se llevara a cabo bajo la fachada del comportamiento aceptable que premiaba al violador por maltratar y abusar de la mujer.

Cuando se piensa bien, esta actitud no ha cambiado demasiado. Afortunadamente, sin embargo, como resultado del Movimiento Feminista, se ha puesto mayor atención a este problema social. No obstante, la violación todavía es un tema coloreado de mitos y conceptos erróneos, complicado, cargado de emociones y poco entendido.

Por lo general, criminalistas, psicólogos, y otros profesionales que trabajan con el violador y sus víctimas están de acuerdo en que la violación no es un crimen sexual, sino un crimen de violencia. Las víctimas de la violación pueden ser, y han sido, miembros de cualquier nivel social, sin consideración de edad (1). Hay muchos mitos sobre la violación. Uno de los más tenaces es que víctima de alguna manera participó en la ofensa: era seductora o provocadora y se lo buscaba (2). Aunque esto fuese cierto, aún persistiría el derecho a cambiar de idea. No es ilegal decir "no", pero sí es ilegal no aceptar el rotundo "no" de una mujer. Hay quien describe al violador como un hombre demasiado susceptible a excitarse sexualmente. Es una simplificación exagerada, además de incierta. La violación es, un hecho, no solamente una expresión del deseo sexual, sino más bien una excreción de necesidades que no son sexuales. La violación jamás resulta de la excitación que no tienen otro medio de satisfacerse. La verdad es que el treinta por ciento de los ofensores en distintos estudios eran hombres casados y sexualmente activos con las esposas cuando asaltaron a sus víctimas (3). Como normalmente se asocia la violación con la satisfacción del impulso sexual, con frecuencia los remedios que se proporcionan también se dirigen a las necesidades sexuales. Por ejemplo, se ha sugerido que una manera de evitar la violación es legitimar la prostitución. El hecho es que la prostitución existe y que no soluciona nada, porque el ofensor no busca la satisfacción sexual. Las prostitutas son violadas, porque representan todo lo que el violador cree amenazador y lo que resiente en la mujer (4).  Quizás se explique que estos mitos y sofismas exciten aún hoy, el hecho de que para la sociedad es mucho más fácil comprender y aceptar estos mitos que enfrentarse con las realidades y frustraciones de la violación.

Desgraciadamente el racismo es aún otro peso con el que tienen que cargar las víctimas pertenecientes a minorías, especialmente las negras. Muchos policías conceden que si el violador es de una minoría y la víctima es blanca las posibilidades de perseguir el crimen aumenta. Sin embargo, si el caso es al revés, muchas veces no se molestan en perseguir el crimen. Algunos blancos creen que la violación no es tan perjudicial para la mujer negra. Se dice que la negra es más activa sexualmente que la blanca. Existe el concepto de que la negra enfrenta mejor la opresión. La violencia es un hecho aceptado de la vida cotidiana de los ghettos donde vive la gente de las minorías y donde el crimen es alma viviente. Así es que la mujer negra puede asimilar una experiencia de violación más fácilmente que una blanca. Estos mitos hacen que las negras sufran doblemente. La capacidad para salir adelante con los problemas de la vida no aumenta con la práctica. El porcentaje de las violaciones aumenta según la densidad de la población, pero si este crimen ocurriera solamente en los ghettos, entonces el interés público no hubiera escalado al nivel actual (5).

Las reacciones de las víctimas pasan por dos fases que tienen que ver en particular con el papel que desempeña el personal del hospital. La primera fase es la reacción inicial, que ocurre inmediatamente después del ataque y que generalmente se experimenta en el cuarto de emergencias del hospital. Durante esta fase inicial asombrosamente la reacción psicológica de la víctima aún no se manifiesta. Normalmente las defensas psicológicas de la víctima ocultan el impacto más grave del ataque. La reacción más normal es el "shock". La víctima de la violación siente la necesidad intensa de cegar y negar la experiencia y las emociones que causa. Esta necesidad puede expresarse en el silencio o en la conversación rutinaria e implacable. Este comportamiento es el más corriente, aunque durante esta etapa algunas víctimas son mucho más emocionales: inquietas, histéricas, explosivas, irritadas y/o furiosas. Desgraciadamente, es lo contrario a la emoción que esperan ver la mayoría de la gente, el silencio es la norma. Esto disimula el trauma que la víctima ha sufrido. Este silencio, junto con la falta, en la mayoría de los casos, de pruebas visibles de la fuerza física y violenta que se empleó durante el ataque, la tendencia a no creer o de sospechar de la víctima. Esto expone a la víctima al peligro de pasar por alto su necesidad de apoyo psicológico y social.

La segunda fase emerge en los días y las semanas después del ataque. Cuando la víctima experimenta nuevas reacciones y emociones: intranquilidad cuando duerme, cambios en el apetito, alteraciones de energía, malestar, dolores, complicaciones ginecológicas, y cualquier otro efecto emocional y físico que resulte de las heridas sufridas. El miedo continúa como una emoción penetrante y perturbadora. Casi todas las víctimas tienen miedo a quedarse solas y a ser víctimas de nuevo. Las víctimas demuestran muchas emociones que indican la tensión y el malestar que siente. Las reacciones incluyen la ansiedad, cambios de disposición, lamentos, la agitación, y la depresión. A menudo se quejan de una pérdida del sentido de humor. La mayoría de las víctimas luchan con sentimientos exagerados de responsabilidad personal, culpabilidad, y censura de si mismas. Creen que podían o debían haber evitado el ataque escapándose, resistiendo, o evitando al violador. Una mujer que es violada por un hombre que ha entrado en su casa en medios de noche, que la amenaza con una pistola, y que dice que atacará a sus hijos que están dormidos en el cuarto de al lado a veces cree que debería haber resistido más (6).

Al llegar a este punto en mi reporte, no he podido seguir. Han pasado dos semanas y no he podido continuar. Porque yo también soy víctima de la violación. Es una memoria tan horrible que aún me causa dolor. Ocurrió hace casi diez años cuando tenía veintiuno o veintidós años. Siempre, aún de niña, tenía la idea de que era independiente. Después de la escuela de segunda, conocí a mi ex-esposo. Aunque le quería, no creía quererle lo suficiente para el matrimonio. Tenía dieciocho años. Pasaron más o menos cuatro años, conseguí empleo en la telefónica y me matriculé en un programa preparatorio para la Universidad en Harlem. Durante cuatro años fui lo bastante atrevida para decidir tener una hija sin estar casada. Cuando digo atrevida, quiero decir atrevida. Aunque mi marido (después nos casamos) me ofreció el matrimonio varias veces antes y después del embarazo, no sentía ningún deseo de casarme. Sabía que en nuestra relación faltaba algo esencial. Aunque la comunidad de Harlem parecía aceptar mi estado sin alterarse (viajaba a diario de Harlem a Queens, donde vivía), no fue tal la reacción de mi vecindad burguesa en Queens que gozaba del chisme. De eso hace años, y aunque hoy en día parezca increíble, era una experiencia original y totalmente fuera de norma (el embarazo por elección y sin matrimonio). Mi familia y mis amistades estaban dispuestos a aceptarlo ya que era mi decisión. Con el tiempo mi futuro marido creía que estaba loca, pero me sentía feliz, porque había conseguido algo que quería. La vida me iba muy bien: me gustaba se madre, estaba de permiso en el trabajo, y, en cuanto a mis estudios, yo era la primera en una clase de seiscientos estudiantes. Habíamos concluido diecisiete semanas de un programa de veinte semanas. Con tres semanas más de estudios, me enteré de que recibiría un honor por mis notas sobresalientes. ¡Estaba exultante!
  
Cuando faltaban solamente dos semanas, la escuela entera fue invitada a una función de la tarde en teatro Apollo, renombrado lugar de variedades en Harlem que desde los años cuarenta se jactaba de presentar el mejor talento negro de EE.UU.

Durante el entreacto, mientras una amiga y yo comprábamos refrescos, un hombre de unos cuarenta años se nos acercó. Iba muy bien vestido. Aunque al principio se dirigió a las dos, al poco tiempo dirigía su conversación exclusivamente a mí. Dijo que buscaba una secretaria personal (tras enterarse de que nos faltaban dos semanas para terminar el programa preparativo) que fuera recién graduada de la universidad o similar. Citó un salario enorme para empezar. Las dos nos lo tragamos, pero no sin alguna duda. Entonces se disculpó y fue a hablar con el portero. Tuvieron una conversación en voz baja y cuando volvió me preguntó si quería el trabajo (solamente me lo ofreció a mí).

Tenía que decidir al momento, porque en un rato entrevistaría a otra persona. Cuando me notó indecisa, llamó al portero y pidió su opinión sobre la oferta que me había hecho. El portero dijo que sería una secretaria muy buena, aunque me parecía notar cierto recelo en él. Hizo lo mismo con la taquillera, quien le miró y puso los ojos en blanco. Después él dijo que ella estaba celosa, porque hacía tiempo que había querido el puesto de secretaria.

No podía creer en la suerte que había tenido: el dueño del teatro Apollo me había ofrecido un trabajo remunerado. Me dijo que era necesario pasar por su oficina para llenar unos papeles. Me aseguró que había solamente un puesto, porque yo insistía en que empleara a mi amiga también. Ella me deseó mucha suerte y me dijo que no perdiese la oportunidad, porque llegaría a conocer a muchas personas famosas que venían al Apollo.

Él me dijo que era importante ir a su oficina un momento para llenar unos formularios. Al salir del teatro nos encontramos con un fotógrafo, en esa época había muchos en la calle 125, y mi nuevo jefe insistió en que nos hiciéramos una foto. Entonces me dijo que tenía una cita para una manicura a la vuelta de la esquina, pero yo podía esperarle y ya no habría demoras. Después de la manicura dijo que tenía que llevar algo a un bar cercano y que le acompañara ya que quedaba camino. Empecé a impacientarme con tanta actividad. Me recordó que como dueño del famoso Apollo era normal estar tan ocupado. Me disculpé por ser ridícula y le dije que entendía.  Cuando entramos en el bar, pidió si podían cambiarle un billete de cien dólares. Salimos a emprender el muy anticipado viaje a su oficina. Llamó a un taxi y dio las señas de su oficina. Aunque no comprendí los siguientes minutos, la memoria me atormentará toda la vida. Me abofeteó tan violentamente que no pude sentir nada durante media hora. Cuando abrí la boca para hacerle una pregunta, me volvió a pegar y me insultó con lenguaje obsceno. Para entonces estaba confundida, asustada, y avergonzada. Cuando llegamos a nuestro destino atravesamos el hotel más elegante que jamás había visto y salimos por la puerta de atrás. De ahí caminamos a la entrada de un hotel venido a menos. Fue increíble. Me dijo que tenía que recoger unos papeles y que entonces volveríamos a su oficina en el primer hotel. También me pidió perdón por pegarme, aunque ya no recuerdo la excusa que me dio. Me presentó a la recepcionista del hotel y subimos arriba. Al entrar en el despacho, estaba atónita al fijarme en la condición pobre de todo. En ese momento empecé a hacer preguntas, pero no me respondía. Cuando di la vuelta para exigir una explicación, me encontré con la navaja. No me acuerdo de mucho después de eso, porque estaba horrorizada y confundida. Había sido elegida secretaria del estudiantado y tesorera. Ese día tenía que hacer un depósito en la cuenta de la escuela. Me robó el dinero y entonces me robó el cuerpo, el orgullo, y la dignidad. Se quedó dormido después de la violación. Me quedaría acostada por horas, porque tenía miedo de moverme. Aún tenía la navaja en la mano (quizás solamente me parecieron horas). Los minutos que tardé en levantarme me parecieron años. Salí corriendo del edificio y terminé de vestirme afuera. Ya era de noche.

Seguí corriendo por no sé cuánto tiempo. No sé como llegué a casa. Recuerdo que llegué en coche o taxi, pero no tenía dinero. Después de diez años, los detalles se borran. Cuando entré en casa, me acuerdo de que me bañé repetidas veces. Mi abuela me preguntó por qué me bañaba tanto. Contesté que estaba muy sucia. Sentía como si toda la suciedad del mundo estuviera en mi cuerpo. Por fin me quedé dormida para despertarme a la memoria de un cansancio que jamás había conocido. Los siguientes meses fueron un infierno. Era difícil ir sola a la tienda. No importa donde te encuentres, siempre te crees que el violador te volverá a atacar. Esta posibilidad mantiene a la víctima en un estado de terror (7).

Se calcula que de cada treinta víctimas de violación una desarrolla una enfermedad venérea (8). También se calcula que el 1% de las víctimas quedan embarazadas. Fue mi mala suerte pertenecer al 1%.

Mi vida se convirtió en una pesadilla horrible. Elegí el aborto, pero este paso fue otra crisis emocional. Los siguientes cinco años se fueron en tratar de afrontar esta realidad.

Durante estos años volví a la escena del crimen dos veces. La primera llevé una navaja y la segunda una pistola. Estaba obsesionada con la idea de cobrar mi venganza personal. La vergüenza de tener que ir a la corte era agobiante. Había demasiadas cosas en mi contra: una niña sin el matrimonio (el hecho de que había sido decisión mía no hubiera importado) y el haber ido al lugar de la violación voluntariamente (la palabra del portero en cuanto a un trabajo no hubiera tenido valor ninguno). Al revivir la escena me di cuenta de que tantas demoras en el camino establecieron testigos de que yo le acompañaba por mi propia voluntad. Meses después del ataque me acordé de que cuando me abofeteó un coche de policía había parado al lado del nuestro, esperábamos un semáforo. Se me ocurrió que había actuado como mi chulo delante del taxista y de la policía. Cuando me abofeteó, el taxista empezó a decir algo, pero el violador cambió el tema hablando del dinero. Había la foto que nos habíamos hecho donde yo sonreía pensando en el nuevo trabajo y en mi buena suerte. El hecho de que no le denuncié en el momento también me hubiera dejado mal ante las autoridades. Aún siento vergüenza después de diez años.

Este incidente me afectó toda la vida como les habrá sucedido a todas las víctimas. Tuve una hija sin estar casada, porque me creía muy independiente, tenía buen trabajo, el padre de mi hija no era el que quería de marido, y además había querido ser madre. A los seis meses de la violación consentí casarme con el padre de mi hija. Durante esos seis meses me había convertido en una mujer insegura y desequilibrada que quería que alguien la protegiera. Fue un error tremendo, porque siempre había sido independiente y mi hija que aún tenía dos años y yo siempre nos las habíamos arreglado muy bien. Perdí la identidad y la independencia. El matrimonio resultó tan mal como lo había imaginado antes de tener a mi hija.

Después de casarme, sentí la necesidad de compartir esta experiencia horrible con alguien que me quería. Se lo dije a mi marido. Fue un error. Los estudios indican que entre el 50 y el 80% de las víctimas de la violación pierden a los maridos o los novios (10). Aunque yo no perdí a mi esposo, ojalá hubiera sucedido. La vida se convirtió en un día insoportable tras otro, todos llenos de sospechas y acusaciones.

Al leer las fuentes de investigación para escribir este trabajo, me encontré con las precauciones de siempre para evitar una violación: cerrar las puertas, no anunciar que se vive sola, bajar las persianas, tener un teléfono cerca de la cama, tratar de no caminar sola, no recargarse de paquetes, etc. No creo que sea suficiente. No tengo los remedios, pero sí sé que están en la conciencia de la sociedad y que no depende solamente de las víctimas. La violación es un crimen abrumador. Daña el bienestar físico, psicológico y emocional de las víctimas. (Tuve que dejar de escribir este trabajo varias veces por el dolor psicológico que sentía después de diez años. Ahora lo pienso, creo que la obsesión de mi marido en follarme con violencia de manera continuada resultó de una inestabilidad psicológica a causa de mi violación. Le denuncié varias veces a la policía, pero no me hicieron caso. Uno incluso me preguntó dónde estaba la sangre).

Estoy de acuerdo con lo que Janet Broadie, otra víctima de la violación, y autora del libro "Fighting Back", dijo, "Nunca se siente una tan sola y aislada como después de una violación". Por esta razón y por el desarrollo de nuestra sociedad hay que enfrentar el problema de la violación en todos los niveles: individual, social, cultural, legal, económico y político. Para combatir la violación se requieren los esfuerzos de diferentes agencias y el interés de todos (11).

Comentarios personales
Aunque la preparación para este trabajo no duró más que el tiempo normal, para terminarlo requerí horas y horas de esfuerzo. No me había dado cuenta de la profundidad del trauma emocional y psicológico que aún existía en mi vida a causa de la violación.

Aunque este síndrome emocional y psicológico había existido durante tanto tiempo, fue como si se me hubiera quitado un peso tremendo de encima. Me doy cuenta ahora de que ésta es la primera vez que he pensado en todos los detalles de este incidente. Es casi increíble que lo he cegado durante todos estos años. Es la primera vez que lo comparto, excepto con mi madre y mi ex-esposo, desde que ocurrió. No pude dormir por dos noches y me di cuenta de que el resentimiento que siento por mi madre es el resultado de este incidente. Ella no me apoyó emocionalmente. Ahora cuando lo pienso, creo que quizás ella estaba sufriendo mucho y por eso no pudo responder de una manera emocional y no supo qué hacer ni qué decir.

También me doy cuenta de que aunque he estado separada de mi marido desde hace seis años, no he roto legalmente con él, porque he usado el matrimonio como protección contra otros hombres. Si no me divorcio, no puedo comprometerme seriamente con nadie, así no sufro. Desconfío de los hombres. Varios hombres han querido casarse conmigo, pero los he rechazado sin entender la razón. Realmente quería a dos de ellos, que eran mayores y estaban establecidos.

Ahora me doy cuenta de que debo estar en contra de una relación. Me siento amenazada si creo que el hombre toma el control. Creo que igualo el control emocional, psicológico y mental por parte de un hombre con el inevitable control físico.

En resumidas cuentas, aunque este trabajo ha trastornado mis emociones, me ha facilitado introducirme, por primera vez, en quién soy. Ahora puedo enfocar mi vida, porque por fin comprendo las causas de muchas cosas y las soluciones parecen estar a la vuelta de la esquina. Después de todo, lo más difícil fue recordar el pasado.

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(1)   Carmen Germanine Warner. "Rape and Sexual Assault. London: Aspen, 1980. p. 94.
(2)   Nicholas A. Groth, "Men Who Rape" Ed. H. Jean Birnbaum. New York, Plenum, 1979. p. 7.
(3)   Ibid., p. 4.
(4)   Ibid., p. 8.
(5)   Janet Brodie, "Fighting Back". New York, Macmillan, 1978. p. 21.
(6)   Warner, pp. 145-150.
(7)   Ibid., p. 200.
(8)   Ibid., p. 60.
(9)   Ibid., p. 62.
(10) Ibid., p. 213.
(11) Grot, p. 11.

martes, 24 de mayo de 2011

LA REVOLUCIÓN SERÁ FEMINISTA O NO SERÁ - PUERTA DEL SOL


Como ya sabrán, desde el 15 de mayo, cientos de jóvenes han permanecido acampados en la céntrica Puerta del Sol de Madrid. A pesar de que algunos medios, tanto locales como extranjeros, intentaron difundir la información errónea de que se trataba de un grupúsculo de okupas y antisistemas que buscaban la dimisión de Zapatero, la realidad ha sido otra. Chicos y chicas se unieron para protestar y reivindicar la dignidad y la conciencia política social. Desde el comienzo dejaron claro que lo que los impulsó a realizar esta protesta pacífica es su sueño de lograr una sociedad nueva que dé prioridad a la vida por encima de los intereses económicos.

Sus mensajes y aspiraciones se pueden leer en los cientos de pancartas y eslóganes que poco a poco han ido llenando todos los sitios disponibles alrededor de la zona.
Con el paso de los días se fueron uniendo más colectivos y organizando diversos grupos de trabajo. Hoy quiero compartir el manifiesto feminista que ha sido elaborado durante la acampada. Al final pueden ver un vídeo que grabé el viernes 20 de mayo, día en que se suponía que tenían que desalojar la plaza. Como verán por las imágenes, fuimos miles de personas las que nos concentramos allí a pesar de las prohibiciones. Por fortuna el gobierno actuó de manera adecuada y no desalojó la plaza por la fuerza. La policía se abstuvo de cargar contra la marea humana que invadimos Sol porque estos y estas jóvenes lograron no sólo movilizar a gente de su edad, también lograron el apoyo de personas de todas las edades que acudimos en masa a acompañarlos en sus reivindicaciones. Una semana después, las acampadas continúan y se han extendido a numerosas ciudades españolas así como a otros puntos del planeta. Porque como bien dice una de sus pancartas: “Si no nos dejan soñar, no os dejaremos dormir.”

Manifiesto Feminista para la Asamblea Ciudadana de la Puerta del Sol

LA REVOLUCIÓN SERÁ FEMINISTA O NO SERÁ

Estamos en la plaza porque:

Queremos una sociedad en la que el centro seamos las personas y no los mercados. Por eso reivindicamos: servicios públicos gratuitos y vitales como la educación y la salud frente a los recortes sociales y la reforma laboral.

Exigimos el uso de un lenguaje no sexista que nombre a todas las personas y esté libre de homofobia, machismo y  racismo.

Queremos el compromiso de hombres y mujeres para la construcción de una sociedad donde no tenga cabida la violencia machista.

Las personas somos dueñas de nuestro propio cuerpo, por eso somos libres para decidir sobre él, disfrutar y relacionarnos con él y con quien nos dé la gana.

Queremos una sociedad diversa donde se respeten las múltiples formas de vivir el sexo y la sexualidad (lesbianas, gays, intersexuales, bisexuales, transexuales, transgéneros, queers...).

Reivindicamos el aborto libre y gratuito.

Es imprescindible incorporar el enfoque feminista en las políticas económicas, en los servicios públicos, en la creación de otro modelo de ciudad y en las políticas ambientales para salir de la crisis.

Exigimos que las Trabajadoras Domésticas o Empleadas del Hogar estemos incluidas en el régimen general de la seguridad social.

Exigimos que la transexualidad no se trate como una enfermedad.

Exigimos papeles para todas y que las mujeres migrantes disfruten de todos los derechos.

LA REVOLUCIÓN SERÁ FEMINISTA, ECOLOGISTA, REPUBLICANA, LAICA Y NO DEL CAPITAL

domingo, 15 de mayo de 2011

MIEDO A VIVIR: MUJERES GOLPEADAS - MARISA HIJAR

Postal del Ayuntamiento de Sevilla - Delegación de la Mujer

A día de hoy llevamos 27 mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas en España. ¿Cuántas más deberán morir en manos de sus verdugos hasta que la sociedad se conciencie de este grave problema que nos incumbe a todos y todas? Hoy he elegido colgar un artículo, que escribió una compañera a la que no llegué a conocer – Marisa Hijar, publicado en esa revista pionera llamada Vindicación Feminista allá por el año 1978. Es conmovedor leer los testimonios en primera persona de algunas víctimas del maltrato y si lo he colgado es porque desde esta modesta tribuna me gustaría animar a tantas mujeres, sean del país que sean, que tal vez lean este blog y se identifiquen con lo que estas mujeres expresan, a denunciar. En muchas ciudades del mundo existen grupos feministas que podrán ofrecer apoyo y decirles adónde pueden ir para conseguir ayuda. No tienen que seguir aguantado palizas ni humillaciones, ustedes valen mucho más que esos hombres que se refugian en su prepotencia física. No están solas y el primer paso es que se lo digan a alguien, no encubran a sus maridos. La primera bofetada, el primer insulto, jamás será el único, le seguirán más. No se crean la lágrimas de cocodrilo ni las flores tras la agresión. Háganlo por sus hijos e hijas, ellos y ellas también merecen vivir una vida sin miedo.

Marisa Hijar durante las primeras Jornadas Feministas sobre Sexualidad y Reproducción, organizadas por el Partido Feminista de España en el Colegio de Médicos de Barcelona, 1981.

Miedo a vivir: Mujeres golpeadas

Marisa Hijar


En el noventa por ciento de los casos de separación pedidos por mujeres aparecen los malos tratos ejercidos por el marido contra la esposa. Un número elevado de mujeres que no piden la separación son maltratadas físicamente por sus maridos.

¿Qué conduce a hombres normales, pertenecientes a diferentes estamentos sociales, a pegar a sus mujeres en la vida cotidiana? ¿Por qué mujeres de diferentes estamentos sociales que son apaleadas por sus maridos siguen viviendo con ellos sin presentar demanda de separación? ¿Por qué le pega su marido? ¿Por qué se aguanta usted?

La relación de fuerzas entre hombre y mujer beneficia generalmente al hombre. Cuando los nervios y la ira se apoderan del ser humano, éste tiene ganas de “partirle la cara” a la persona que, directa o indirectamente le ocasiona tales nervios y la ira. A aquella persona que le está “sacando de quicio”. Los niños actúan así muchas veces. Los adultos actuamos así algunas, pero casi siempre dejamos nuestras manos quietas y retenemos como mejor sabemos, o podemos, nuestra ira. El ser humano no anda, de ordinario, por ahí peleándose a bofetadas con su prójimo porque una mínima formación nos hace comprender que ese no es el sistema adecuado de comportarse ni de solucionar nada. Una mínima formación y el saber que si andamos a puñetazo limpio con nuestros congéneres también nos harán a nosotros, cualquier día, una cara nueva. Pero, ¿cuándo la relación de fuerzas está descompensada? ¿Cómo actuaríamos si supiéramos que siempre resultaríamos los vencedores? Entre las razones por las que pegamos a un niño que se ha portado mal, ¿no cuenta la seguridad de que el niño nunca va a devolvernos la bofetada, la agresión física?

El único motivo por el que tantos maridos agreden a sus tantas mujeres es la convicción de que, debido a una relación de fuerzas evidentemente desigual en beneficio del hombre, el esposo jamás recibirá, como respuesta, igual agresión física por parte de su mujer.

Rosario C. 37 años. Catorce de matrimonio. Catorce años de bofetadas, de palizas, de empujones, de golpes.

Nunca hay una causa concreta y cualquier motivo le vale. En general, sí existe una tónica: su mal humor. Mal humor porque perdió por ejemplo, unos papeles importantes. Yo debo encontrar los papeles y cuando la búsqueda se prolonga sin éxito empiezan los gritos, luego los insultos, luego las bofetadas. Deberías verlo fuera de sí. Es un espectáculo monstruoso. Un día saltó, por encima de la cama y cayo sobre mí. Con el puño cerrado me golpeaba por todas partes. Caí al suelo y siguió la lluvia de patadas.

Nunca he presentado una denuncia contra él. Tales agresiones ocurren tres o cuatro veces al año. Son días terribles. En mi interior se mezcla una sensación de cansancio, de asco. Me pega en el cuerpo, pero me duele el alma. Me siento humillada hasta lo más profundo. Pienso qué opinarán mis hijos cuando lo sepan. Ellos también son hombres. ¿pegarán a sus mujeres el día de mañana? No, no me separé de mi marido. En cuanto lo pienso, intento no pensar en ello. Durante los primeros años de matrimonio sí pensaba hacerlo. Ahora ya no. Imagino qué sucedería cuando él se enterara: recibiría la pero paliza de mi vida. No tengo ninguna profesión con la que ganarme un suelo. Sé que él me haría la vida imposible, que me perseguiría sin cesar, que su actitud violenta para conmigo aumentaría. Además, ¿y mis hijos? Me horroriza pensar en lo que verían, oirían, aprenderían junto a mi marido, sin mí. No sólo aguanto por ellos; aguanto porque no sabría qué hacer, a dónde ir. Y porque no tengo ganas de nada. Soy una persona anulada, apática e indiferente. A fuerza de golpes me han quitado energías para vivir, para pensar, para sentir. Todo me da igual...

María T. G. 42 años. Trece de matrimonio


Siempre hay un motivo. Cuando cree que soy superior a él en algo, cuando nota que mis hijos, o amigos, están a mi favor y en su contra. Cuando siente, o cree, que lo han humillado o menospreciado para halagarme a mí.

Empieza a discutir, se va alterando y de pronto me pega una bofetada. Antes de que yo pueda reaccionar me da tres o cuatro patadas, empujones... que más da. Después, por lo general, desparece de casa. Al regresar está tres o cuatro días sin hablarme. Luego, la vida recobra la normalidad. Al principio armaba unas broncas horrorosas. Una vez llamé a mis padres para que vieran cómo me dejó el ojo de un bofetón. Se armaba un gran jaleo pero todo seguía igual... Ahora ya no. No tengo ganas. No voy a separarme de él porque no dispongo de medios económicos ni sociales. Tenemos poco dinero. Aunque con la separación consiguiera que me pasara algo resultaría insuficiente porque su suelo es muy bajo. Y, además, están los hijos. Sé que me los quitaría. Yo ya sólo vivo para ellos. Mi marido no cuenta nada en mi vida, es un ser al que desprecio, con quien debo vivir como los esclavos tenían que vivir con sus amos.

Marta S. 35 años. Diez de matrimonio


Es como si formara parte del folklore familiar. No podría decirte cuántas veces al año ocurre. Va a temporadas. Digo folklore porque más que pegarme me lanza objetos que yo intento, naturalmente, esquivar. Si estamos en la sala, libros; un cuadro, en el pasillo. Si me tiene cerca, empieza a darme golpes en todas partes, pero sobre todo estirones de pelo. Me estira del pelo, me zarandea y me transporta de una habitación a otra. Cuando intento volverme, apenas consigo darle alguna parada y, encima, me sacude más. Mientras, grita, y se origina tal escena que sólo pienso en que se van a enterar los vecinos o se despertarán los niños. Lo pero es cuando ya ha terminado. Cuando, por fin, coge la puerta y se va de casa, o a dormir. Entonces me siento tan sola, tan desgraciada, tan indigna... ¿a quién puedo recurrir? No tengo familia en Barcelona, ni apenas amigas, y a las que tengo no quiero contarles esto. ¿Qué pensarían de mí?

Es el miedo a vivir lo que hace aguantar a esas mujeres paliza tras paliza, día tras día, año tras año. Miedo a vivir, miedo a salir en busca de un trabajo que no se encontrara fácilmente.

No tengo profesión ninguna, ¿cómo me ganaría la vida? Miedo a vivir en un mundo que no las preparó para vivir. Miedo a vivir sin seguridad, sin medios.

No dispongo de medios económicos ni sociales para separarme.

Miedo a encontrarse de pronto suspendida de empleo y sueldo puesto que convirtieron el matrimonio en una verdadera profesión. Ese miedo a vivir mantiene hoy a muchas mujeres atadas a un marido que las maltrata, que las golpea, queles fomenta ese miedo a vivir.

Fuente original: Revista Vindicación Feminista, Nº 19, publicada el 1 de enero de 1978.

martes, 3 de mayo de 2011

RACISMO EN EL COMERCIO SEXUAL - LAURA KEELER & MARJUT JYRKINEN

Como sabemos, y aunque algunos grupos minoritarios lo desmientan, en España el 90% de las mujeres prostituidas son extranjeras. Hoy les dejo un artículo que me parece interesante y que puede servir para que otras personas analicen el tema de la prostitución desde la perspectiva del racismo tan inherente a este comercio. Aunque el artículo habla de la realidad finlandesa, fácilmente podríamos trasladar este contexto a cualquier otro país. Pienso en Australia donde hay mujeres filipinas y tailandesas o en Latinoamérica donde las mujeres de una nación son secuestradas para ejercer la prostitución forzada en países vecinos. Los reclamos publicitarios en cualquier periódico suelen resaltar de dónde proceden las mujeres, haciendo alarde de las “cualidades exóticas” que una u otra raza puede ofrecer en la cama... Y me pregunto si aquellos pequeños grupos que abogan por la legalización de la prostitución lo hacen porque en realidad les importa un comino los que les sucede a estas mujeres. Al fin de cuentas “son las otras”, las indocumentadas, las ciudadanas de segunda clase que sólo se  merecen los peores trabajos...

RACISMO EN EL COMERCIO SEXUAL EN FINLANDIA

Por Laura Keeler y Marjut Jyrkinen


Los hombres en Finlandia, como los de otros países occidentales, pueden ser consumidores de encuentros sensuales “exóticos” tanto en casa como en el extranjero. Mientras que Finlandia tiene una población inmigrante muy pequeña y tiene controles inmigratorios muy fuertes, se sabe que se trafica con mujeres en Finlandia, principalmente de Rusia y de los países bálticos para que ejerzan la prostitución y otras formas de comercio sexual.

Mientras que existe mucha literatura sobre el racismo y cada vez existe más sobre el comercio sexual, existe muy poco sobre la situación en Finlandia que se concentre en el papel que el racismo desempeña en la industria del sexo. En contraste, otras formas de opresión en el comercio sexual, como el sexismo y el clasismo, son temas que frecuentemente son analizados. Seguramente existen muchas razones por las que el racismo recibe menos atención en este contexto, una de las cuales puede ser que sea difícil discernir el papel que desempeña conjuntamente con otros tipos de discriminación y explotación.

El propósito de este artículo es echar un vistazo al racismo en el comercio sexual en Finlandia. Primero miraremos brevemente las teorías del papel del racismo en la pornografía y en el turismo sexual en el Caribe como ejemplos. Luego daremos ejemplos de nuestra investigación en los medios de prensa finlandeses, demostrando cómo las mujeres de diferentes nacionalidades o grupos étnicos que son prostituidas son  presentadas a los posibles clientes, y cómo las mujeres en otros países son presentadas a los posibles turistas del sexo finlandeses.

Lecciones de la pornografía

El análisis feminista y otras investigaciones sobre el racismo en la pornografía nos pueden revelar el papel del racismo en la industria del sexo al descubrir estereotipos sexuales racializados. La pornografía esterotipa sexualmente a las mujeres de color como si fueran sinónimo de carnalidad, un deseo y una lujuria incontrolable, y una bestialidad, y consistentemente muestra a los hombres de color como seres agresivos y machos “super-sexuales” con penes increíblemente grandes (Dworkin, 1979; Forna, 1992; Dines, 1998; Cowen & Campbell, 1994; Mayall & Rushell, 1993; Nelson, 1993). La idea de que las personas de color son más animales está generalizada. Mientras que la mayoría de los estudios se centran en los estereotipos sexuales de la gente de color, Dworkin (1979) ha estudiado cómo se describen a las mujeres y hombres mejicanos en la pornografía: “señoritas de sangre caliente”, y “hombres poderosos que poseen una sexualidad brutal e insensible”. Mayall y Russell por su parte comentan cómo se representan a las mujeres asiáticas, como “dulces y jóvenes flores de loto o objetos de bondage y esclavitud”.

Dworkin mantiene que todo grupo racial que es despreciado ha sido etiquetado como si tuviera una sexualidad animal o bestial – este es el meollo de la ideología racista. Mientras se supone que todas las mujeres comparten la naturaleza sexual de un ser insaciable y sumiso cuya sexualidad se satisface mediante la degradación violenta y dolorosa, las mujeres de color poseen además otros atributos impuestos como consecuencia de su color. El efecto específico del racismo en la pornografía en los Estados Unidos es que el color de la piel de la mujer negra se convierte en su principal atributo sexual. En otras palabras, la piel negra se considera como un órgano sexual y una naturaleza sexual. La postura de Forna es que la pornografía se nutre de y recrea los estereotipos racistas, despectivos y sexualizados de la gente de color, haciendo que penetren en los subconscientes de los consumidores. Parte del aparato de la opresión, “El racismo como el sexismo es sexualizado en la pornografía” (1992).

Mayal y Rushell (1993) notaron que el color de la piel es muy prominente en los materiales que se exhiben en las tiendas de pornografía, y que los títulos pornográficos usualmente indican cuando se trata de personas de color. La gente de color son una “especialidad” en la pornografía, al igual que en las violaciones, el sadomasoquismo y la bestialidad.

Racismo en el turismo sexual en el Caribe

Dos trabajos que estudian el racismo en el comercio sexual son los de Julia O’Connell Davison y otro de Beverly Mullings (2000). A través de su investigación sobre el turismo sexual en Cuba, O’Connell llegó a  la conclusión que las demandas por tener acceso sexual a las mujeres de la isla, son generadas y formadas por ideologías “racializadas”. El turismo sexual es a menudo una forma de satisfacer preferencias sexuales muy particulares, entre las que se encuentran las fantasías sexuales raciales. Mullings por su parte descubrió que los mercados sexuales en el Caribe están divididos según cada fantasía sexual racial.

La ideología racial también permite que el cliente se imagine a las mujeres en la prostitución  como “Otras” y las sitúe fuera de las convenciones que protegen a “sus propias” mujeres o a las “buenas”. Para los turistas del sexo en el Caribe, las mujeres locales personifican la isla misteriosa y natural que está disponible para ser explorada y conquistada. (O’Connell Davison & Sánchez Taylor, 1998, citado en Mullings, 2000). A menudo imaginan a las mujeres occidentales blancas como frías, controladoras y reacias a los papeles patriarcales tradicionales, comparadas con las cálidas mujeres caribeñas que se muestran deseosas de complacer y que no están contaminadas por el ideal de la igualdad de género.

O’Connell Davison afirma que los turistas del sexo blancos se pueden sentir tranquilos por una forma de racismo nativo que corresponde a las variedades occidentales, y por los estereotipos racistas locales (como la “hipersexualidad” atribuida a los negros), a menudo también ratificados por los cubanos de color. El racismo en Cuba asegura que haya más mujeres de color que blancas en la prostitución y que el turista del sexo pueda acceder fácilmente a las “Otras según su raza” sin la desaprobación de una sociedad racista y sin tener que cuestionarse seriamente su propio racismo.

El racismo en los anuncios del comercio sexual en Finlandia

Mari-Elina Laukkanen ha investigado los anuncios en la prensa diaria finlandesa como un foro para el comercio sexual (2000). En su muestra de anuncios de la prostitución, agencias de acompañantes, sex shops y barras, publicaciones pornográficas, y líneas eróticas, encontró alusiones a la procedencia étnica de las mujeres, especialmente en cuanto a las mujeres de Rusia, la región báltica, o del lejano Este Asiático. Los nombres tradicionales como “Tatiana”, y “Nadia de San Petersburgo”, eran empleados como indicadores de nacionalidad, con más frecuencia para las mujeres de Rusia y del Báltico que para otras mujeres, quizás estimulando una imagen de que todas las mujeres de esta zona están en la prostitución. Por otra parte, lo “finlandés” también era una estrategia de márketing (Laukkanen, 2000).

La representación de las mujeres en la prostitución en un periódico finlandés 

Examinamos los anuncios en uno de los periódicos principales con tirada nacional, el Helsingin Sanomat, uno a partir de Mayo del 2001 y otro de enero del 2002, para buscar referencias de la nacionalidad o raza del “producto”. Incluimos sólo aquellos anuncios que claramente especificaban esta característica.

La muestra de 2001 incluía un total de 754 anuncios, aproximadamente 100 anuncios por día. Había 132 anuncios que indicaban la nacionalidad (17% de todos los anuncios en la muestra). La mayoría se referían a tailandesas, seguido por aquellos que contenían referencias a personas de origen finlandés. Encontramos 11 referencias a otras nacionalidades.

En la muestra de 2002, el periódico Helsingin Sanomat publicó 723 anuncios de prostitución. De éstos, 90 aludían a la nacionalidad o raza de la persona (13% de la muestra). Al igual que la primera muestra, la mayoría aludía a tailandesas, seguido por referencias a finlandesas o al estatus “doméstico” o “nativo” de la persona. Había 13 referencias a personas de otras nacionalidades. La mayoría de los anuncios empleaban descripciones tales como “hermosa”, “caliente”, “sexy”, o hacían referencias al color del cabello, pero había pocos anuncios que se refirieran a las mujeres tailandesas como “exóticas”. Los pocos anuncios para “masajistas” varones a menudo indicaban la nacionalidad.

 

La representación de las mujeres en el extranjero para los turistas del sexo

Seleccionamos al azar cuatro revistas finlandesas. La primera revista tenía un artículo sobre los tours sexuales a Riga, Latvia. Contenía muchos consejos prácticos para el turista, precios de hoteles y sitios donde eran fácil encontrar prostitutas (baratas) drogodependientes. La insaciabilidad de las mujeres bálticas se describía como “una clase única en su género”, y de las mujeres de Latvia se decía que eran “generosas según la tradición del Este de Europa y que no eran demasiado tacañas con sus bienes” (Jallu, 2002).

La segunda revista contenía un artículo sobre el turismo sexual en Gran Canarias. Este artículo ofrecía información detallada del tipo de mujeres disponibles y publicitaba la “naturaleza internacional” de las mujeres en la prostitución, señalando su países de origen tales como Colombia, Venezuela y Brasil (Napakymppi, 2001). La tercera revista sugería un crucero titulado “Teta y coño”, que salía de Bristol, Gran Bretaña (Kalu, 2002). No incluía detalles de las mujeres más que las fotos en que todas las mujeres eran blancas.

La cuarta revista presentaba a Borneo como un paraíso sexual. El autor daba detalles de cómo mantener relaciones sexuales sin protección con las prostitutas locales (Kalle, 2002). Este artículo tenía once páginas con muchas fotos de mujeres desnudas con rasgos asiáticos, quienes eran descritas como “Perlas del Lejano Oriente”.

El prejuicio evidente en los anuncios finlandeses

Los anuncios en el Helsingin Sanomat indican la raza y/o la nacionalidad de las mujeres en la prostitución. Los extranjeros son sólo un 2% de la población en Finlandia, mientras que un 11% de los anuncios hacían referencia a la nacionalidad o raza (no-finlandés, no-blanca). Las referencias a las personas tailandesas eran particularmente numerosas, mientras que los tailandeses componen sólo el 1% de los residentes extranjeros.

Además, queda claro que  para algunos clientes del sexo es importante tener una “prostituta doméstica”. Esto también se puede deducir por lo que los anuncios no mencionan. No encontramos referencias que promovieran a las mujeres rusas o de Estonia, aunque el tráfico de las mujeres de esta zona es un problema reconocido en Finlandia, y la población de rusos y de Estonia representan un 34% de la población de extranjeros residentes en Finlandia. El énfasis en lo “finlandés” y la invisibilidad de aquellas personas de origen ruso o báltico puede indicar un prejuicio más reciente en contra de los rusos, o la suposición de que la mayor parte de la prostitución en Finlandia procede de Rusia o los Estados Bálticos, así que cualquier excepción es señalada con el propósito de vender. También es posible que los hombres finlandeses se hayan vuelto recelosos a la hora de comprar mujeres que puedan estar trabajando para los sindicatos del crimen ruso.

También han existido algunas campañas de salud y publicidad en los medios en cuanto a los riesgos de salud que se corren al comprar sexo en las regiones vecinas a Finlandia. Sospechamos que puede haber una idea general entre los consumidores finlandeses de que las mujeres de estas zonas no están “limpias”. El contraste entre el lugar destacado que tienen lo “finlandés” y lo doméstico de nuestra muestra nos hace pensar en el tema del racismo en el contexto del nacionalismo. A menudo el “producto hecho en casa” se entiende como algo de mejor calidad que aquello que se importa del extranjero – incluso cuando se refiere a “productos” como las mujeres en la prostitución.

Como lo indican algunos de estos anuncios, es probable que las mujeres tailandesas sean consideradas como algo “exótico” y por lo tanto deseable. Tal imagen de las mujeres asiáticas era muy evidente en el artículo sobre Borneo. Los artículos sobre viajes en general representan a las mujeres extranjeras como serviciales, insaciables, y una ganga para cualquiera que desee comprar sexo.

Es evidente que existe una gran necesidad de investigar más en la representación de la nacionalidad y etnicidad de las mujeres que se publicita para los clientes del sexo finlandeses. El próximo paso será estudiar los materiales de promoción, ya sea impresos o virtuales, que crean aquellos que venden sexo, y debemos aplicar un análisis feminista a los estereotipos sexuales racializados que se reflejan y se crean a través de ellos.

Laura Keeler (M.A.) es editora del Centro Nacional de Investigación y Desarrollo para el Bienestar y la Salud en Helsinki, Finlandia.

Marjut Jyrkinen (M.A. Ciencias Políticas) es asesora en el Programa para la Prevención de la Prostitución y Violencia en contra de las Mujeres, Helsinki, Finlandia.

Traducido por Silvia Cuevas-Morales
Publicado en Poder y Libertad, Nº 34 Monográfico sobre prostitución.
Fuente original: Racism in the sex trade in Finland.  Norwegian and Nordic Gender Equality & Gender Research (NIKK) Magasin #1, 2002: Bodies across borders – prostitution and trafficking in women / Trine Lynggard (ed).